martes, 22 de mayo de 2018

LA ESENCIA DE LA FILOSOFIA


Por: Juan Hessen

La teoría del conocimiento es una disciplina filosófica. Para definir su posición en el todo, que es la filosofía, necesitamos partir de una definición esencial de esta. Pero ¿cómo llegar a esta definición? ¿Qué método debemos emplear para definir la esencia de la filosofía?



Se podría intentar, ante todo, obtener una definición esencial de la filosofía partiendo de la significación de la palabra. La palabra filosofía procede de la lengua griega y vale tanto como amor a la sabiduría, o lo que quiere decir lo mismo, deseo de saber, de conocimiento. Es palmario que esta significación etimología de la palabra filosofía es demasiado general para extraer de ella una definición esencial. Es menester evidentemente elegir otro método.

Podría pensarse en recoger las distintas definiciones esenciales que los filósofos han dado de la filosofía en el curso de la historia y, comparándolas unas con otras, obtener una definición exhaustiva. Pero tampoco este procedimiento conduce al fin buscado. Las definiciones esenciales que encontramos en la historia de la filosofía discrepan tanto, muchas veces, unas de otras, que parece completamente imposible extraer de ellas una definición esencial unitaria de la filosofía. Compararse, por ejemplo, la definición de la filosofía que dan Platón y Aristóteles – que definen la filosofía como la ciencia pura y simplemente con la definición de los estoicos y de los epicúreos, para quienes la filosofía es una aspiración a la virtud o a la felicidad, respectivamente. O compararse la definición que en la edad moderna da de la filosofía Cristian WolffQue la define como scientia possibilium, quatenus esse possunt – Con la definición que da Federico Uberweg en su conocido tratado de historia de la filosofía , según el cual la filosofía es : “La ciencia de los principios” . Tales divergencias hacen vano el intento de encontrar por este camino una definición esencial de la filosofía. A tal definición solo se llega, pues, prescindiendo de dichas definiciones y encarándose con el contenido histórico de la filosofía misma. Este contenido nos da el material de que podemos sacar el concepto esencial en la filosofía. Ha sido Guillermo Dilthey el que ha empleado por primera vez este método, en su ensayo sobre la esencia de la filosofía. Aquí le seguiremos, con cierta libertad, sin embargo, a la vez, desarrollar sus pensamientos.


Pero el procedimiento que acabamos de señalar parece destinado al fracaso, porque tropieza con una dificultad de principio. Se trata de extraer del contenido histórico de la filosofía el concepto de su esencia. Más para poder hablar de un contenido histórico de la filosofía necesitamos – parece – poseer ya un concepto de la filosofía. Necesitamos saber lo que es la filosofía, para sacar su concepto de los hechos. En la definición esencial de la filosofía, dada la forma en que queremos obtenerla, parece haber, pues, un circulo; este procedimiento parece, entonces, por esta dificultad, condenado al fracaso.



Sin embargo, no es así. La dificultad señalada desaparece si se piensa que no partimos de un concepto definido de la filosofía, sino de la representación general que toda persona culta tiene de ella como indica Dilthey: “Lo primero que debemos intentar es descubrir un contenido objetivo común en todos aquellos sistemas a la vista de los cuales se forma la representación general de la filosofía” 


Estos sistemas existen, en efecto. Acerca de muchos productos del pensamiento cabe dudar que deban considerarse como filosofía. Pero toda duda de esta especie enmudece tratándose de otros numerosos sistemas. Desde su primera aparición, la humanidad los ha considerado siempre como productos filosóficos del espíritu, ha visto en ellos la esencia misma de la filosofía. Tales sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibniz, Kant y Hegel. Si profundizamos en ellos, hallamos ciertos rasgos esenciales comunes, a pesar de todas las diferencias que presentan. Encontramos en todos ellos una tendencia a la universalidad, una orientación hacia la totalidad de los objetos en contraste con la actitud del especialista, cuya mirada se dirige siempre a un sector mayor o menor de la totalidad de los objetos del conocimiento, hallamos aquí un punto de vista universal o que abarca la totalidad de las cosas. Dichos sistemas presentan, pues, el carácter de la universalidad. A este se añade un segundo rasgo esencial común: la actitud del filósofo ante la totalidad de los objetos es una actitud intelectual, una actitud de pensamiento. El filósofo trata de conocer, de saber. Es por esencia un espíritu cognoscente. Como notas esenciales de toda filosofía se presentan, según esto: 1. La orientación hacia la totalidad de los objetos; 2. El carácter racional, cognoscitivo, de esta orientación.
Con esto hemos logrado un concepto esencial de la filosofía, aunque muy formal aun. Enriquecemos el contenido de este concepto considerando los distintos sistemas, no aisladamente, sino en su conexión histórica. Se trata, por tanto, de abrazar con la mirada la total evolución histórica de la filosofía en sus rasgos principales. Desde este punto de vista no resultaran comprensibles las contradictorias definiciones de la filosofía a que hemos aludido hace rato.


Se ha designado, no sin razón, a Sócrates como el creador de la filosofía occidental. En él se manifiesta claramente la expresa actitud teórica del espíritu griego. Sus pensamientos y aspiraciones se enderezan a edificar la vida humana sobre la reflexión. Sobre el saber. Sócrates intenta hacer toda acción humana una acción consiente, un saber. Trata de elevar la vida, con todos sus contenidos, a la conciencia filosófica .Esta tendencia llega a su pleno desarrollo en su máximo discípulo, Platón. La reflexión filosófica se extiende en este al contenido total de la conciencia humana. No se dirige solo a los objetos prácticos, a los valores y las virtudes, como acaecía la más de las veces en Sócrates, sino también al conocimiento científico. La actividad del estadista, del poeta, del hombre de ciencia   , se tornó, por igual, objeto de reflexión filosófica. La filosofía se presenta, según esto, en Sócrates y todavía más en Platón, como una autorreflexión del espíritu sobre sus supremos valores teóricos y prácticos, sobre los valores de lo verdadero, lo bueno y lo bello.
La filosofía de Aristóteles presenta un aspecto distinto. El espíritu de Aristóteles se dirige preferentemente al conocimiento científico y a su objeto: el ser. En el centro de su filosofía se halla una ciencia universal del ser: la “filosofía primera” o metafísica, como se llamó más tarde. Esta ciencia nos instruye acerca de la esencia de las cosas, las conexiones y el principio último de la realidad. Si la filosofía socraticoplatonica puede caracterizarse como una concepción del espíritu, deberá decirse de Aristóteles que su filosofía se presenta, ante todo, como una concepción del universo. La filosofía torna a ser reflexión del espíritu sobre sí mismo en la época post_ aristotélica, con los estoicos y los epicúreos. Sin embargo, la concepción socrática - platónica sufre un empequeñecimiento, puesto que solamente las cuestiones prácticas entran en el círculo visual de la conciencia filosófica. La filosofía se presenta, según frase de Cicerón, como la “maestra de la vida, la inventora de las leyes, la guía de toda virtud”. Se ha convertido – dicho brevemente – en una filosofía de la vida.


Al comienzo de la edad moderna volvemos a marchar por las vías de la concepción aristotélica. Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibniz revelan toda la misma dirección hacia el conocimiento del mundo objetivo, que hemos descubierto en el Estagirita. La   filosofía se presenta de un modo expreso como una concepción del universo. En Kant, por el contrario revive el tipo platónico. La filosofía toma de nuevo el carácter de la autorreflexión, de la autoconcepción del espíritu. Cierto que se presenta en primer término como una teoría del conocimiento o como fundamentación critica del conocimiento científico. Pero no se limita a la esfera teórica, sino que prosigue hasta llegar a una fundamentación crítica de las restantes esferas del valor. Junto a la crítica de la razón pura aparece la crítica de la razón práctica, que trata la esfera del valor moral,   y la crítica del juicio, que hace de los valores estéticos objeto de investigaciones críticas. También en Kant se presenta, pues, la filosofía como una reflexión del hombre culto sobre su total conducta valorativa.


En el siglo XIX revive el tipo aristotélico de la filosofía en los sistemas del idealismo alemán, principalmente en Schelling y Hegel, La forma exaltada y exclusivista en que el tipo se manifiesta origina un movimiento contrario igualmente exclusivista. Este movimiento lleva, por un lado, a una completa desvalorización de la filosofía como la que se revela en el materialismo y el positivismo, y, por otro lado, a una renovación del tipo kantiano, como la que ha tenido lugar en el neokantismo. El exclusivismo de esta renovación consiste en la eliminación de todos los elementos materiales y objetivos, que existen de modo innegable en Kant, tomando así la filosofía   un carácter puramente formal y metodológico. En esta manera de ver radica a su vez el impulso que conduce a un nuevo movimiento del pensamiento filosófico, el cual torna a dirigirse principalmente a lo material y objetivo, frente al formalismo y metodismo de los neokantianos, y significa, por ende, una renovación del tipo aristotélico. Nos encontramos todavía en medio de este movimiento, que ha conducido, por una parte, a ensayos de una metafísica inductiva, como los emprendidos por Eduardo de Hartmann, Wundt y Driesch, y por otra, a una filosofía de la intuición, como la que encontramos en Bergson, y, en otra forma, en la moderna fenomenología representada por Husserl y Scheler. 
Bibliografía: Trébol Morelos Bayron Ernesto, Administrador de Empresas, de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Unad, Tecnólogo en Mercadotecnia, de la Escuela Colombiana de Mercadotecnia, Escolme, Docente Universitario y de Educación Básica y Media. – si deseas contactarme puedes escribirme al correo diplomadosbt@gmail.com .

Bibliografía: Hessen Juan, teoría del conocimiento, libro de edición popular, paginas 11,12,13,14,15, 16, 17,18, 19, - Documento utilizado con fines académicos.

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